PARA LOS QUE HEMOS NACIDO ANTES DE
1975
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La verdad es que no sé como hemos podido
sobrevivir. Fuimos la generación de la “espera”; nos pasamos nuestra infancia y
juventud esperando:
Teníamos que hacer “dos horas de digestión” para
no morirnos en el agua, dos horas de siesta para poder descansar.
Nos dejaban en ayunas toda la mañana del Domingo
hasta la hora de la comunión.
Los dolores se curaban esperando.
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Mirando atrás, es difícil creer que estemos
vivos:
Nosotros viajábamos en coche sin cinturones de seguridad
y sin airbag.
Hacíamos viajes de 10-12 h. con cinco personas
en un 600 y no sufríamos el síndrome de la clase turista.
No tuvimos puertas, armarios o frascos de
medicinas con tapa a prueba de niños.
Andábamos en bicicleta sin casco, hacíamos auto-stop,
más tarde en moto, sin papeles.
Los columpios eran de metal y con esquinas en
pico.
Jugábamos a ver quien era el más “bestia”.
Pasábamos horas construyendo carros para bajar
por las cuestas, sólo entonces descubríamos que habíamos olvidado los frenos.
Jugábamos a “churro va” y nadie sufrió hernias
ni dislocaciones vertebrales.
Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo
el día y sólo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle.
Nadie podía localizarnos. No había móviles.
Nos rompíamos los huesos y los dientes y no
había ninguna ley para castigar a los culpables.
Nos abríamos la cabeza jugando a “guerra de
piedras” y no pasaba nada, eran cosa de niños y se curaban con mercromina y
unos puntos. Nadie a quien culpar, sólo a nosotros mismos.
Tuvimos peleas y nos “esmorramos“ unos a otros y
aprendimos a superarlo.
Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no
éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.
Compartíamos botellas de refrescos o lo que se
pudiera beber y nadie se contagió de nada. Nos contagiábamos los piojos en el
cole y nuestras madres lo arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente.
Quedábamos con los amigos y salíamos. O ni
siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a
las chapas, a coger, al recate, a la taba…, en fin, “tecnología punta”.
Íbamos en bici o andando hasta casa de los
amigos y llamábamos a la puerta. ¡Imagínense!, sin pedir permiso a los padres,
y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel, ¡Sin ningún responsable! ¿Cómo
lo conseguíamos?.
Hicimos juegos con palos, perdimos mil balones
de fútbol.
Bebíamos agua directamente del grifo, sin
embotellar, y algunos incluso chupaban el grifo.
Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la
“escopeta de perdigones”, antes de ser mayores de edad y sin adultos, ¡¡DIOS
MIO!!.
En los juegos de la escuela, no todos
participaban en los equipos y los que no lo hacían, tuvieron que aprender a
lidiar con la decepción.
Algunos estudiantes no eran tan inteligente como
otros y repetían curso…¡Que horror, no inventaban exámenes extra!.
Veraneábamos durante 3 meses seguidos, y
pasábamos horas en la playa sin crema de protección solar ISDIN 15, sin clases
de vela, de paddle o de golf, pero sabíamos construir fantásticos castillos de
arena con foso, y pescar con arpón.
Ligábamos con las chicas persiguiéndolas para
tocarles el culo. No en “chat” diciendo “:)” “:D” “:P”.
Tuvimos libertad, fracaso, éxito y
responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
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No te extrañe que ahora los niños salgan “gilipollas”.
Si tú eres de los de antes… ¡Enhorabuena!. Pasa esto a otros que tuvieron la
suerte de crecer como “niños”. A lo mejor todavía estamos a tiempo de que
nuestros hijos crezcan también como “niños”.
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